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LA FRANQUICIA FRACASADA Una vez más, se avecina a la época de Guadalupe – Reyes, cuando regresan en masa una gran cantidad de nuestros conacionales viviendo en los Estados Unidos. Muchos de ellos estarán regresando por primera vez a visitar a sus familias y sus pueblos después de muchos años de ausencia, de sacrificio, y de logros en una sociedad extraña. Regresan en una caravana interminable dónde las camionetas están definitivamente sobrerepresentadas — y sobrecargadas. Estarán también representadas las placas de todo el país vecino, desde Texas y California, hasta de los más remotos: Minnesota, Illinois, Wisconsin, Nueva York ¿Qué recepción encontrarán? Al portal del tercer aniversario de la administración Fox, se han logrado muchos avances en materia del trato de nuestros inmigrantes en el país vecino, pero sigue habiendo mucho por hacer. En los últimos años hemos aprendido de la importancia económica de nuestros hermanos en el Norte, con las últimas cifras de las remesas a México superando los 14 mil millones de dólares, monto que ya rebasó lo que México recaba por concepto de exportaciones industriales y turismo, y a un paso de derrocar al petróleo del primer renglón. Sin embargo, los problemas de los paisanos comenzarán al momento de cruzar la frontera. Estos, regresando a su país en sus camionetas cargadas hasta el tope con todos los regalos para los seres queridos, con juguetes, bicicletas, estéreos, ropa — símbolos no sólo de su amor, sino que también de su éxito — se encontrarán con una franquicia que los obliga a pagar impuestos sobre toda importación a partir de un valor inicial de 50 dólares. Mientras que uno puede entender las razones detrás de esta política, para controlar las importaciones de falluca, y para mejorar la posición del presupuesto federal, a muchos niveles es una estrategia fracasada. Los problemas con esta política son tanto económicos, prácticos, y de justicia. El problema económico es qué, al imponer impuestos sobre la entrada de bienes comprados con fondos adquiridos en el exterior, el país no está recibiendo protección de las importaciones, está desalentando las exportaciones. Estos bienes deben ser considerados una parte más de las remesas, sólo que esta llega en especie. En términos contables, es una ganancia neta a la balanza comercial. El problema práctico, por supuesto, es que abre una gran brecha para la corrupción al pedirle a un paisano que haga un menaje de todas sus pertenencias después de haber estado esperando horas para cruzar la frontera, como suele suceder por estas fechas. Mucho más fácil, por lo tanto, sobornar al agente de aduana para “facilitar” el proceso. Este acto se repite varias veces en los numerosos retenes “de seguridad” que encuentran los inmigrantes camino a sus pueblos una vez que hayan cruzado la frontera. Resultado: no se recaudan los impuestos previstos, se fomenta la corrupción, los paisanos se quedan con la sensación de que lo único que buscan los servidores públicos es trasquilarlos, y francamente, ayuda a darle a México una imagen funesta. Proponemos que se cambie el reglamento radicalmente: impongamos límites a los inmigrantes de $1,000 dólares por persona, o $5,000 por familia. Nos podemos cuidar de la importación “hormiga” de artículos de falluca al pedir que se identifiquen cómo inmigrantes por medio de la Matrícula Consular, documento de alta seguridad que está cobrando mucho valor el los Estados Unidos ya que con ésta se puede abrir una cuenta de banco. En el transcurso de 2002, sólo en el Consulado General de Chicago, se emitieron 167,000 matrículas. |
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